EL PÁJARO QUE ENAMORÓ A UNA NACIÓN

WILLIAM OJEDA GARCIA


En San Felipe uno se entera de cosas increíbles. Eso de hablar y cantar como los pájaros es algo raro, casi imposible de creerlo, No para Ramón Antonio Urbano quien durante toda su vida se dedicó a la investigación de las aves. Tanto fue su pasión en este enorme trabajo para la ciencia llegando a mantener lazos amorosos con los pájaros, hablaba y cantaba como ellos, tal como lo hacía con los indígenas amazónicos casi que dormía en las alturas de los árboles con ellos. Algo único en el mundo, un ser humano capaz de interpretar el sentimiento de las aves.
Con razón una prestigiosa fundación de ciencias naturales reconocida mundialmente le puso el nombre de un pájaro en homenaje a Ramón Urbano: Urbano, Urbaneja, Urbanois, esa es su identificación científica, así lo conoce el mundo de la ornitología, de las ciencias naturales. Un pájaro yaracuyano de dos patas, sin alas, ni plumaje, pero que vuela en una obra útil para la ciencia… para la humanidad, regando ejemplo en todo el continente. Hasta un libro de poemas dedicado a los pájaros, “El Ámbito de la Emoción Sencilla”, escribió este paisano nacido en San Pablo, Municipio Arístides Bastidas, el 08 de agosto de 1917.

Ramón Antonio Urbano
Ramón Antonio Urbano

Un buen día se le ocurrió lanzar al Turpial como candidato a Ave Nacional. Urbano fue jefe de campaña del pajarito, el estratega que hablaba con el corazón. No pegaba afiches, ni pronunciaba discursos tramposos, tampoco ofertaba promesas embusteras, ni menos repartía bolsas con ñingas de mendrugos como acostumbra el populismo en la democracia de roscas y elegidos. Urbano se encadeno en el sentir nacional, estableció un puente común para el reconocimiento que el pueblo tenía por el famoso pájaro de cuerpo esbelto, de ropaje negro y oro profundo, con lirico y sonoro canto que embellecía a la gente. Y por allí se fue en campaña, no de casa en casa lazando besitos falsos y dando el abrazo del oso, sino llegándole al sentimiento del pueblo.
“Venezuela está impaciente por su Ave Nacional; y un instituto docente, lo puede seleccionar. En la prensa se comenta, que hay muchos competidores; pero hay que tomar en cuenta, sus principales factores. Dicen que el Cucarachero, tiene fama de cantor; y por eso los llaneros, lo llaman el ruiseñor. El que quiera oír la diana, a orillas de la pradera; deje libre en la sabana, la Paraulata Llanera. En los caneyes del llano, no hay cosa más singular; cómo divierte al humano, los cantares del Turpial. Se encuentra en la platanera, y en las rejas del corral; silbándole a la vaquera, en la hora de ordeñar”.

“Siente alegría el llanero, cuando a un toro va a enlazar; y oye el canto mañanero que lo saluda el Turpial. En la cerca del tranquero, también se percha el Turpial; saludando al ganadero, cuando este va a pastorear. Se ha lanzado un candidato, para el Ave Nacional; pero hay que esperar un rato, mientras nos canta un Turpial. Es encanto del llanero, y diversión del caporal; hay que quitarse el sombrero para escuchar al Turpial. Su figura es imponente, vistosa su colorido; y por siempre está presente, del llanero en sus corridos. De Venezuela el campeón, en sus puntos cardinales; será suyo el Pabellón de las Aves Nacionales. Hoy las Ciencias Naturales, lo ha querido coronar: y entre los nombres vulgares, a él le llaman Turpial. Cuando tengan ocasión, de acercarse a los tunales; prefieran la vía Falcón, para que oigan los turpiales”.

En su ámbito de emociones sencillas 1959, el paisano y admirado poeta Pedro Manuel Vásquez nos dice: “a veces para alegría subitánea del espíritu sorprendemos hechos, sucesos o personajes que de una u otra forma, contribuyen al robustecimiento de la diaria existencia y al incremento del progreso en planos desconocidos, o por lo menos pocos divulgados. Es así, como en cualquier rincón patrio, ya en esta vertiginosa, alucinante y cambiante ciudad del Ávila, ora en un claro paisaje pueblerino de provincia encontramos, en un alto del camino, en nuestras andanzas cotidianas, con espíritus preocupados, que realizan noble faena en el terreno de la cultura, de la docencia o de las investigaciones en cualquiera de sus expresiones. A esta última categoría pertenece el modestísimo, inquieto y soñados caballero yaracuyano Ramón Urbano, a quien estos días hemos sorprendido por esas calles caraqueñas, aturdidas de trafago, ahítas de gentes descontroladas de la mansedumbre de otros tiempos”.

Una anécdota simpática que registra este proceso eleccionario en un momento tenso para la vida nacional, ya que se acercaban las elecciones donde el dictador Marcos Pérez Jiménez, pretendía reinstalarse como Presidente mediante un plebiscito incorporado a la Ley electoral en reforma aprobada a la carrera por el Congreso Nacional el 13 de noviembre de 1957, lo que provoco reacciones en el pueblo que más tarde lo derroco. Resulta que el Dr. Ramón Aveledo Hostos, Presidente de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, que alguna vez organizó un foro nacional conservacionista en San Pablo y era muy amigo de Urbano y Arístides Bastidas, envió un telegrama a sus colegas del Zulia: “Nos urge recibir nombre de su pájaro candidato…”. La tenebrosa Seguridad Nacional intercepto el mensaje e interpreto que el pájaro candidato seria algún aspirante en las elecciones presidenciales. Inmediatamente arrestaron a Aveledo y lo metieron derechito a un calabozos de tortura, exigiéndole los esbirros que “cantara” el nombre del traidor, mientras el aporreado presidente de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales mencionaba al Cucarachero, la Paraulata, el Cristofué, la Corocora, el Arrendajo y por supuesto, el Turpial. Al menos que no sea por culillo, no se sabe porque la dictadura se metía en esto cuando esa jauría tenía su propia fauna representada por los famosos “tres cochinitos”. La cosa se aclaro y la elección tomo un repunte asombroso, inesperado. En la campaña participaron intelectuales, poetas, escritores, caricaturistas, periodistas, científicos. Estaban Miguel Otero Silva, Ida Grancko, Federico Pacheco Soublette, Aníbal Nazoa, Francisco Tamayo, Ángel Rosenblat, Julio Barroeta Lara, entre muchos, cada quien con su pájaro.

El Turpial el Ave Nacional decretado el 28 de mayo de 1958
El Turpial el Ave Nacional decretado el 28 de mayo de 1958

Urbano, un ornitólogo de renombre en América Latina que trabajo muchos años al lado de William y Kathy Phelps, quienes lo apoyaron en todo momento junto a sus pájaros, promovía la candidatura del alegre Turpial. Con su prosa, registró aquellos acontecimientos de la reunión para seleccionar el Ave Nacional. En reunión especial, de las Ciencias Naturales; han destacado al Turpial en las Aves Nacionales. Asistió gente de fuera, a la hermosa reunión; y parecía una “gallera” en momentos de emoción. No había minuto silente, en aquel digno salón; que hasta el señor Presidente, se agrego a la discusión. Después de la algarabía, que formo la concurrencia; no era electa todavía el ave de preferencia. Muchos callaron la boca, y les causo indignación; que solo “El Gallo de Roca”, estaba en la exhibición. Fue comparado a manera, y en forma tan singular; que le adaptaron espuelas, para echárselo al Turpial. Son muchas las opiniones, por el Ave Nacional; pero por muchas razones, han mencionado al Turpial. Y Eugenio de Bellard, con un Guaracho en su mano; dice que tiene un radar, y que es bien venezolano. Se declara conveniente, que el voto se haga en secreto; y así no habrá inconveniente, que cualquiera salga electo. En aquella discusión, por el Ave Nacional; todos dieron su opinión, por la elección del Turpial. El voto fue muy legal, en medio de la emoción; y con nombre de Turpial, se ha rebosado el cajón. Fue grande el “alboroton”, y tan largo el palmotear: cuando es abierto el cajón, y triunfador el Turpial. Todo el mundo atormentado, por los aplausos divinos: se alistan los derrotados, y cogen pronto el camino. Y apurados los doctores, en medio de tanta gente; encendieron los motores, y rasparon de repente. Señores ha terminado, la afamada discusión; donde se ha catalogado, en Ave de la Nación. Y si compran en la esquina, a nuestro “Gallo Pelón”; suéltele gallina fina, para coger buen pichón”.
Tan intensa y hermosa fue su campaña de lanzamiento del Turpial como candidato al rango de Ave Nacional, que Ramón Urbano le dio rienda suelta a su emoción, luego del dictamen del jurado: “No habiendo mas requisito, porque todo esta anotado; no cito al Cardenalito, porque lo han exterminado. Se reúnen los doctores, poetas y licenciados; y los votos son mayores, para el Turpial que ha ganado. Pero aun sigue cantando, nuestro elegante Turpial; y así representando, a nuestra Ave Nacional. Y aquí termina el autor, como dice el buen refrán; quien ha dicho que es pintor, nuestro afamado Tucán”.

Ramón Urbano se vino a Yaracuy con la buena nueva de la elección de su pájaro, se fue por todo el país con el Turpial de su alma, promoviendo las virtudes que justifican su categoría de emblema nacional. Un pájaro de follaje exuberante, de brillante colorido en amarillo profundo casi a naranja con un negro azabache intenso mezclados con líneas blancas puras y la franja ocular azul celeste envolviendo sus ojazos. Un ave de extraordinaria belleza con pico agudo y patas estilizadas con robustos muslos en destellos plateados que no se lo gasta nadie. Y ese canto tan hermoso, sonoro, tan pausado y modulado que se puede escuchar de lejos como una sinfonía de amor a la Patria.
El 23 de mayo de 1958 por decreto del gobierno nacional el Turpial fue declarado Ave Nacional.
williansyaracuy@hotmail.com

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