LUANGO, yaracuyanidad a punta´e talento

En la casa de Miguel Ángel Castillo, en la urbanización Obispo Alvarado, donde viví mis años de niño, y adolescente, se engendraron los primeros ensayos de Luango y los sueños afloraron en sangueos, fulías, parrandas, aguinaldos y voces, que “afinaítas” dejaban entrever lo que sería una de las agrupaciones musicales de mayor prestigio en Yaracuy, Venezuela y el mundo.

Raúl Freytez

En un gran lienzo donde pintores riegan matices de versos y melodías, San Felipe, a las faldas del Chimborazo, rocía su mies pródiga de gente artista. Alboradas y nocturnos tiñen de armonía el ambientado pentagrama, “alto la fama pregona”, y el viento silba sus canciones.

Luango de Venezuela, talento yaracuyanísimo

Luango de Venezuela, talento yaracuyanísimo

Una marínbola, maracas, tamboras, un chapero, dos cuatros, una mandolina, una guitarra y un furruco, apenas si muestran sus formas en un cuarto cubierto de sombras. En la frialdad de la noche se acrecienta su privación de sonidos; inertes objetos de madera y cuero, metal y cuerdas.

La vieja casa de Ramón Planas -el viejo- los cobija: 4ta avenida entre avenida Caracas y calle 11 en San Felipe. Allí los instrumentos, antes inertes, cobran vida y vibran inspirados en las ágiles manos de quienes habrían de convertirse en artífices de la música folklórica popular yaracuyana, y más allá del ámbito territorial, porque para ellos la armonía nunca tuvo fronteras.

Tambores de enardecida magnificencia

Para entonces, un grupo de jóvenes deciden unir sus talentos artísticos, y así surge una idea que se consolida en Luango, expresión negroide atinente a un instrumento salido del vientre de un palo seco, que lleva ese nombre, y que con sus retumbos acompasados incita al baile frenético y desenfrenado de la gente de ébano, brillante su piel de músculo y ardor afroamericano.

Durante la ceremonia en honor a San Pedro, San Juan y Virgen del Carmen, en Veroes, los luangos bulliciosos dejan escuchar sus delirantes resonancias en ecos perdurables; son tambores de enardecida magnificencia negra que hinchan las manos de horas sudorosas y aguardiente. De allí surgió el apelativo. Luango. Sí. Nuestro Luango de Venezuela.

Tradiciones y yaracuyanidad

En la casa de Miguel Ángel Castillo, en la urbanización Obispo Alvarado, donde viví mis años de niño, y adolescente, se engendraron los primeros ensayos de Luango y los sueños afloraron en sangueos, fulías, cantos de trabajo, calipsos, repiques de tambor, parrandas, aguinaldos y voces, que “afinaítas” dejaban entrever lo que sería una de las agrupaciones musicales de mayor prestigio, primero a nivel local, presentaciones personales en casa de amigos, serenatas diurnas, luego regional, y rápidamente en el ámbito nacional, para llevar nuestra identidad musical -como embajadores culturales- a diversas naciones. Qué orgullo para los yaracuyanos sabernos identificados con Luango, que es igual hablar de tradiciones y yaracuyanidad.

Esa casa vieja de Planas se convirtió luego en depósito de los instrumentos musicales, y ahí mismo realizaban sus prácticas, para solaz de los vecinos que agradecían el gesto amable de los artistas que “de gratis” obsequiaban sus melodías sanas, de música buena, negada al vociferío soez y estridente, sino más bien siempre dispuestos a rescatar las expresiones folclóricas venezolanas, y así dar a conocer y valorar cada una de las memorias artísticas relacionadas a las dicciones, danza, la concordancia musical, los bailes comunales y la negritud, con su casta africana.

La casa añeja se convirtió en la primera sede también del Centro de Cultura Popular “Don Teófilo Domínguez”, en 1981, que se rindió al tiempo en 1983 cuando sus paredes de barro se vinieron abajo estrepitosamente.

Genuina representación regional De nuevo alzan vuelo y los instrumentos son mudados a la nueva sede del Centro de Cultura, otra casa vieja que data del siglo 18, para entonces propiedad de la familia Longobardi, donde en la actualidad tiene asiento la empresa “Yaracuyana de televisión YTV”. Entonces empezaron a palpitar cuerdas, metales y maderas finas en las manos de los niños y adolescentes y aún de los adultos que iban a recibir formación cultural en los diversos talleres que allí se dictaron.

Instrumentos de percusión, tambores, cumacos, furrucos, plato´e peltre; de cajas acústicas, cuatro, guitarra, mandolina, bandola oriental y marínbola, charrascas, maracas y panderetas, ofrecieron sus melodías en esa casa de techo de caña brava y piso de madera y baldosas. A cualquiera que haya pasado por esa escuela del saber cultural, es bueno que sepa que en sus manos estuvo una de las herramientas musicales de prestigio fundador en Luango, cepa de genuina representación regional. Si usted, amigo lector, es uno de ellos, divúlguelo con orgullo.

De ese ir y venir quedaron recuerdos y experiencias, hasta que el padre de Miguel Ángel, Francisco Castillo, les cedió la casa de la abuela Petra, como dato curioso, ubicada frente a la vieja casa que se derrumbó, lugar donde desaparecieron muchos de los instrumentos musicales en manos del hampa, por lo que se vieron obligados a abandonarla y hasta la fecha Luango dejó de tener sede, y en eso están, tratando de localizar el sitio preciso para levantar las bases. Mientras tanto se encuentran donde nacieron, en la Urbanización Obispo Alvarado.

Juglares de Yaracuy

A pesar de la pérdida irreparable de tantos y buenos instrumentos musicales, que desde luego fueron sustituidos por otros, sigue habiendo una relación muy estrecha, algo así como un ritual entre esos viejos enseres y Luango, porque por ellos y ese constante manosear para arrancarles sones y armonías, lograron convertirse en juglares de Yaracuy en la tradición oral y popular de la cultura musical del país, cuyos conocimientos fueron provistos por los innumerables estudios de investigación durante más de tres décadas, con enriquecedoras experiencias de promoción y difusión del acervo rítmico venezolano, que les hacen ser legítimos representantes del nunca olvido, cronistas armónicos de las diversas tradiciones venezolanas.

De esa vasta experiencia hay logros muy importantes, evidentes en sus trabajos discográficos: Luango es Venezuela, Luango es nuestra Música, Cantos de la Tierra, Parrandas y Aguinaldos; y más recientes, los discos compactos: Luango de Venezuela 15 Años, Luango es Navidad y Oro, Plata y Bronce.

Yaracuy intercontinental

Para los que amamos con pasión esta tierra de mitos y leyendas, cuna de la magia que brilla ataviada de los más hermosos matices esmeraldas, es un orgullo saber que Yaracuy, a través de Luango de Venezuela, ha hecho resonar su memoria musical en diversos encuentros, festivales y giras culturales de Suecia, Puerto Rico, Jordania, Alemania, España, Cuba, Nicaragua, Guatemala e Inglaterra, hoy consolidados como la agrupación cultural de raigambre y tradición intercontinental, con el reconocimiento de sus paisanos.

Ah, casi olvido mencionarles que los instrumentos musicales fundadores y los actuales, fueron tocados por Miguel Ángel Castillo Portillo (Director-Solista-Coros-Maracas), Lía Xiomara Coll de Castillo (Solista-Chapero-Maracas), Jacobo Antonio Gil Domínguez (Solista- Coros-Marímbola), Sergio Rubén Meza Martínez (Solista-Coros- Percusión-Cuatro), Carlos Eduardo Castillo Guevara (Solista-Coros- Furruco-Charrasca), Miguel Ángel Castillo Coll (Solista-Coros- Percusión), Emilber Montiel (Solista-Coros-Bajo), Rubia Álvarez (Solista-Coros), César Barrios (Solista-Coros-Cuatro-Mandolina- Bandola) y Andrés Fernando Rodríguez Giménez (Solista-Coros- Guitarra-Cuatro-Percusión). ¡De Yaracuy tenían que ser!

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