Yaritagua preserva sus casas y antiguas tradiciones

Cuenta Yaritagua con un legado de costumbres y tradiciones que se celebran a lo largo del año, comenzando en Enero con El Bautizo del Niño Jesús

Belky Montilla/Cronista del Municipio Peña

La historia de la Villa de Santa Lucía de Yaritagua -como se le conoció durante la Colonia- está marcada por una serie de acontecimientos que han formado la ciudad que hoy se erige orgullosa, pues en ella permanecen todavía muchas de sus antiguas casas, fiestas, costumbres y tradiciones, legadas por sus antepasados.

Iglesia de Santa Lucía de Yaritagua (Foto Raimundo Torín)

Iglesia de Santa Lucía de Yaritagua (Foto Raimundo Torín)

Sus inicios como pueblo colonial

A finales de la década de 1660 ocurrió el último poblamiento, después de la llegada del conquistador a la América que le daría fundamento al pueblo de Santa Lucía de Yaritagua, debido al traslado de las cuarentas familias indígenas, pertenecientes a las etnias de los Gayones, Ajaguas, Camagos y Coyones, efectuado por Don Tomás de Ponte con el fin de realizar labores agrícolas en su trapiche de caña. Estas familias formaban parte de la Encomienda que poseía Doña Felipa de Mora y Alvarado, esposa de Don Tomás, ubicada en San Antonio de Los Naranjos de Humocaro.

Es importante señalar que los encomenderos estaban obligados a contratar sacerdote con el fin de adoctrinar y administrar los Santos Sacramentos a los indígenas bajo su custodia por lo que, recién llegados a Yaritagua y debido a la carencia de un sacerdote, éstos tenían que ser trasladados a su lugar de origen, sitio muy distante por lo que esos viajes se tornaban largos y peligrosos. Es así como surge la necesidad de establecer un curato en el lugar.

Alonso Mujica y Santillán casado con Doña Elvira Ana de Ponte y Alvarado convienen dejar que los indígenas construyan sus casas en las tierras que éstos no cultivaban y así comienza a levantarse un rancherío, abriéndose paso entre bosques, arroyos y quebradas, cuestión que favorecía a los propietarios de la hacienda, pues venía a ser una mano de obra garantizada.

En 1691, según documento que reposa en el Archivo General de la Nación, el Obispo Diego de Baños y Sotomayor emitió un permiso para que los indios, pobladores del Sitio de Yaritagua, recibieran el pasto espiritual en el pueblo de Santa Rosa del Cerrito, lugar donde serían asistidos por los religiosos capuchinos. Sin embargo, Mujica y Santillán por no estar de acuerdo con esta orden, se dirige al Obispo para informarle que él estaba en capacidad de absorber los gastos ocasionados para tener un cura propio por lo tanto le hacía la petición formal, cuestión que es aceptada y se le da facultad al vicario de la ciudad de Barquisimeto para que fuese levantada una Iglesia para celebrar y administrar los Santos Sacramentos a dichos indios.

Coincidencialmente, en ese entonces el Rey publica una Real Cédula, el 12 de Diciembre de 1691 donde se obligaba el pago de tributo por parte de los naturales, además, aprobaba la organización de Cabildos de Indios y la formación o estabilización de pueblos como también en ella se establecían las normas que debían regir los ejidos y administración de los pueblos y se regulaba, las haciendas de españoles.

Es a raíz de ello que en Yaritagua se conforma el Cabildo de Indios, estando distribuido de la siguiente manera: Regidor Juan Bernardo Nahaca, Segundo Regidor Juan Cuicas, Alguacil Mayor Felipe Alvarado, Procurador  General  Dionicio Alvarado y el Cacique de Indios Don Rodrigo de Alvarado. Cabildo que contó con el asesoramiento de personas acreditadas para la época, entre las que destaca el Licenciado Juan Simón Jaramillo, cura doctrinero, nombrado por el Obispo de la Diócesis en calidad de interino y otros personajes, además, estaba conformado por personas naturales, nacidas en el Sitio de Yaritagua, quienes eran descendientes de los primeros pobladores traídos por Don Tomás.

Éstos comienzan a organizar su poblado y reparten las tierras de acuerdo al mandato del Rey y se comenzó por delimitar los linderos del pueblo, los cuales debían tener una legua hacia cada punto cardinal, lo cual representa en la actualidad 5.572 metros, aproximadamente y para ello se tomaba como referencia la Plaza mayor hasta formar la legua en cuadro.

Esta comitiva, conocedora de la Leyes Indias y Reales Cédulas se propuso lograr la categoría de pueblo para el Sitio de Yaritagua, así como también el reconocimiento de la propiedad de las tierras que labraban por su cuenta, por considerar que tenían más de treinta años viviendo en el sitio y apoyados también en la Real Cédula del 12 de diciembre de 1691 antes señalada, la cual amparaba a los indígenas y les ordenaba a formar y a darle estabilidad a los pueblos y ellos alegaban haber formado un poblado donde vivían más de cuarenta familias con unos trescientos habitantes, además de tener sembradíos, sementeras, aguadas y potreros, casas e iglesia con su respectivo cura capellán.

No obstante, la petición del Cabildo fue refutada por Rodrigo Fernández Graterol, casado con Doña Felipa de Mujica y Santillán, nieta de Don Tomás de Ponte, pues ellos alegaban tener más derechos sobre las tierras de Yaritagua por su condición de herederos directos y por lo tanto se consideraban dueños y señores de todo este territorio.

Con estas acciones de ambos bandos comienza el primer litigio por la posesión de las tierras de Yaritagua por lo que se dirigen a las autoridades competentes, específicamente al Capitán General de la Provincia de Venezuela, Francisco de Berroterán, el cual ordena al corregidor del pueblo para que levantara un informe donde diera fe de lo relatado por el Cabildo.

El 7 de junio de 1698 el Corregidor del pueblo, Sargento Mayor Joseph Ramírez de Arellano levanta el Justificativo donde le expone al Capitán General, entre otras cosas, que hace más de treinta años que los indios están poblados y congregados en este territorio, donde la mayoría, según consta en la fe de bautismo, son nacidos y bautizados en el mismo lugar. Igualmente describió que en el poblado existían cuarenta y ocho indios tributarios y medios tributarios, algunos libres y forasteros que conformaban 208 almas y que por no haber otras haciendas en el lugar le recomienda al Capitán General concederles a dichos naturales la formalidad de pueblo.

Es así como el 20 de junio de 1699 el Maestro de Campo Don Nicolás Eugenio de Ponte, Capitán General de la Provincia de Venezuela dictó un Auto, basándose en el informe elaborado por el corregidor y tomando en cuenta las declaraciones que dieron dichos naturales. Además, cumpliendo con lo ordenado por el Rey, prohibió que se les inquietara y por ninguna razón se les perturbara.

Al mismo tiempo el capitán Miguel García del Castillo Nieto envió carta a los Alcaldes Ordinarios de El Tocuyo con la notificación de este Auto por si ellos estaban en esa ciudad.

El día diecinueve de noviembre, el capitán Castillo Nieto se trasladó al pueblo de Yaritagua acatando la orden del gobernador con el fin de leer y notificar el mandamiento del Auto al Capitán Don Rodrigo Fernández, el cual dijo haber oído y firmó para dejar constancia del hecho y también procedió también a leer el justificativo a los Alcaldes y Regidores del Cabildo de Indios y otros muchos indios, a los cuales encomendó la protección y conservación del pueblo.

El corregidor acudió a la casa de morada del Licenciado Juan Simón Jaramillo, cura doctrinero interino del pueblo, quien le pidió copia para asentarla en los libros a su cargo. Por último reunió a todos los indios del pueblo para hacerles la entrega formal de sus tierras, lo cual fue celebrado con mucho júbilo.

Es así como el pueblo de Santa Lucía de Yaritagua adquiere su legalidad y se fue consolidando en la ciudad que hoy se presenta con su zona de Interés histórico tradicional, su cerro La Matica, El Calvario, su plaza, su iglesia colonial, patrimonio de la Nación y otros íconos que le dan fisonomía propia y que le distingue de los demás pueblos venezolanos.

Yaritagua ha cambiado, hoy es un pueblo privilegiado, pues le cruza la autopista Centro-Occidental Rafael Caldera, como también la vía férrea, lo que le brinda grandes ventajas, pues mantiene contacto con todas las ciudades ubicadas tanto al centro como al occidente del país, facilitando las posibilidades de asentar en sus predios actividades comerciales, industrial o de servicios. Además, el municipio cuenta con una buena red de vías rurales que le permiten acceso con las áreas de producción agrícola.

Fiestas, costumbres y tradiciones

Cuenta Yaritagua con un legado de costumbres y tradiciones que se celebran a lo largo del año, comenzando en enero con El Bautizo del Niño Jesús, tradición que se remonta a más de doscientos años y que consiste en una fiesta donde los invitados especiales son los niños de la comunidad, quienes serán los padrinos, los cuales reciben “cuelgas” compuestas en su mayoría por dulces criollos, tales como: besitos, conservas, suspiros, cocadas, pandehorno y es la oportunidad de hacerse compadres o comadres de dedito.

Las personas mayores alegan que este sacramento de voluntad es respetado por siempre. De allí la importancia de su preservación, pues comprende una carga de valores como la amistad, el compartir, el amor, respeto y la fraternidad.

Otra tradición que pervive es la celebración de la Semana Santa, actividad que tiene connotaciones religiosas, pues revive la pasión y muerte de Jesucristo. El pueblo adorna sus casas con flores y se prepara para ir a las procesiones, donde las imágenes relacionadas con la fecha salen por las principales calles, acompañadas de muchos feligreses que rezan el santísimo rosario, alternado con canciones o alabanzas al Señor. De ellas resalta la procesión del Santo Cuerpo, imagen centenaria adquirida en Roma a finales de 1800.

Procesión del Santo Cuerpo, imagen centenaria adquirida en Roma a finales de 1800.

Procesión del Santo Cuerpo, imagen centenaria adquirida en Roma a finales de 1800.

Las fiestas patronales son dedicadas a la Virgen y Mártir Santa Lucía, celebradas los trece de diciembre, cuando se realizan toros coleados, templetes, retretas, encuentros deportivos, culturales y otras actividades que llenan de alegría las bucólicas calles de esta ciudad colonial, además de que en cada sector o caserío tienen su santo patrón.

La peregrinación de San Juan de Duaca que cruza a lo largo y ancho de todo este territorio dos veces al año, tradición de más de 200 años, donde se cantan décimas y salves y se le pide al santo por una buena cosecha, salud y por milagros recibidos. También se celebra el Día de San Antonio, a quien se le ofrece tamunangues, misas, velorios y cánticos, así como también a San Juan Bautista. En Agua Negra se venera a la Virgen de las Mercedes y en Cambural a San Andrés.

Yaritagua cuenta con su Plaza grande y de exuberante vegetación, con una estatua dedicada a Bolívar civil, mirando hacia el edificio de la Alcaldía, su iglesia erigida en honor a Santa Lucía, patrimonio de la Nación, el edificio de Los Carrascosa, edificado de piedra y calicanto en 1861, y sus casas con zaguanes, portones y ventanales y una serie de haciendas que recuerdan un pasado de reciente prosperidad económica y entre sus comidas destacan el hervido o sancocho, sopa de agujita, mondongo, cachapa, hallaquitas, cochino frito, chanfaina, la paría o alhucemao, besitos, pandehorno, catalinas, guameñas y otras exquisiteces que conforman la gastronomía yaritagüeña, todo ello conforma la idiosincrasia del yaritagüeño.

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