Yaracuy es el útero fértil de la gran Pachamama

El manejo de los recursos naturales debe realizarse bajo la premisa de la armonía del hombre y la naturaleza

Raúl Freytez

Los patrimonios de la naturaleza permiten afirmar que Yaracuy es una de las regiones más afortunadas de Venezuela, pues la biodiversidad está presente en sus paisajes plenos de exuberante verdor, en sus afluentes acuíferos de donde surge el agua como manantiales diamantinos y de su suelo, útero fértil de la gran Pachamama, germen del origen.

Por lo tanto esta región es rica en vida animal y vegetal, así como en la esplendidez de sus paisajes, donde se funde la esencia vital de la biodiversidad a través del viento, del agua y del suelo.

“El agua sale por las tuberías, pero se produce en las montañas”

“El agua sale por las tuberías, pero se produce en las montañas”

Y ante esta realidad los yaracuyanos debemos asumir un comportamiento de identidad regional enmarcada en la concepción de hacer buen uso del agua, pues aunque nuestros bosques y montañas forman parte del ambiente ideal para producir este vital líquido, no es menos cierto que la administración inadecuada de este mineral no renovable, podría convertirse en un problema para los habitantes de la región.

Como se sabe, el agua es el recurso principal para la humanidad por ser el primer componente de los seres vivos pues entre el 65 % y el 95 % del peso de la mayor parte de las formas vivas es agua, además es el único solvente capaz de transportar los nutrientes de la red suelo, planta y animal, que nutre todas las formas de vida, de ahí su vital importancia.

En pocas palabras, se trata de administrar y valorar económica y socialmente el recurso hídrico, ya que “cada día aumenta el numero de habitantes y se incrementa la superficie a ocupar para las actividades inherentes a la vida humana, traduciéndose en ocupaciones ilegales de áreas productoras, crecimiento poblacional anárquico, deterioro de la cuenca y menor disponibilidad de agua, a lo que debemos sumar también la variabilidad climática, recalentamiento global, desertificación y redes de distribución. Pero lo cierto es que cada día se agotan las fuentes de suministro”, según se desprende de las declaraciones suministradas por Rafael Morales, experto en materia ambiental de la región.

Morales indicó que a mediados de la década del 90 se estimaba que el estado contaba con una gran reserva hídrica en su cuenca principal, el Río Yaracuy, que posee un extensión de 2.400 Km2, y alberga más del 70 % de la población yaracuyana, drenando una superficie de 762 Km2, con una precipitación promedio anual de 2.270 mm/año, con reservas de aguas subterráneas en la cuenca media de 918 millones de m3, y reservas naturales en la cuenca alta que oscilan por el orden de los 832.785 millones de m3.

Esto significaría que a pesar de la marcada degradación de nuestras cuencas hidrográficas, poseer potencial y disponibilidad, es necesario administrar el agua, pero, llegando mucho mas allá de una red de distribución, sincerando la cultura del agua y formando la cultura familiar de administración del recurso hídrico, es decir, no recordarlo solamente en la época de verano; esto nos llevará a gerenciar el recurso en función de una mayor producción, eficacia y eficiencia en el suministro y a la vez mayor calidad de vida, recalcando que “El agua sale por las tuberías, pero se produce en las montañas”.

Medidas drásticas contra la deforestación

Entendiendo estas premisas nos queda “planificar la gestión del agua”, partiendo por determinar cuantitativamente y cualitativamente nuestras reservas hídricas superficiales y subsuperficiales, necesarias para la toma de decisiones, ya que la mayoría de nuestras fuentes son de origen superficial como es el caso de Cumaripa y las tomas ubicadas en San Felipe, Independencia, Sucre y Cocorote, entre otros, cuyos caudales provienen de la vertiente sur de la Sierra de Aroa, situación que otorga un carácter local a la “política de producción de agua”, es decir, desde la parroquia hacia el municipio, gobierno regional y nacional, expuso Morales.

Rafael Morales destacó que la explotación minera, por otro lado, también pone en peligro las cuencas surtidoras de agua del estado, ya que los minerales no metálicos están ubicados en las diferentes montañas de la geografía yaracuyana. “Es inadmisible enterarse a través de registros estadísticos, que el estado Yaracuy se ubicó entre los años 75 al 98, en el segundo lugar entre las tres primeras regiones con mayor índice de deforestación ilícita, logrando afectar una superficie de 267.670 hectáreas, hecho que debe hacernos reflexionar y tomar medidas, no solamente desde el punto de vista conservacionista, sino con una concepción de sobrevivencia hacia la obligante inversión en la recuperación y manejo de nuestras cuencas productoras”, afirmó.

Unidad de planificación y gestión del agua

Desde hace muchos años hemos estado hablando sobre la necesidad de proteger nuestras fuentes de agua, creándose figuras como El Parque Nacional Yurubí, así como la generación de zonas protectoras (1975), pero hoy más que nunca se hace necesario e imperioso volver a la cuenca como “unidad de planificación y gestión del agua”, y retomar los planes y programas enmarcados en los proyectos MICARY 1973, MARN-BID, (1994-1999), que permitieron atender una población de más de 950 productores en la cuenca alta, de igual modo a 30 comités conservacionistas y a una considerable atención de 4.752 hectáreas, centrando sus labores en la conservación de los suelos, control de erosión, capacitación, divulgación y educación, entre otros aspectos.

Igualmente es prioritario continuar y ampliar los planes que ejecuta actualmente el Ministerio del Ambiente en cuanto a inversiones en reforestación y recuperación de cuencas altas como es el caso del municipio Sucre y Arístides Bastidas, así como la reforestación de 20 hectáreas en el sector Chirimaque cuenca alta del Río Yaracuy.

El manejo de los recursos naturales debe realizarse bajo la premisa de la armonía del hombre y la naturaleza, alineado con una política de seguridad de estado por la urgencia en cumplir con el compromiso de pensar globalmente y ejecutar localmente, con un fuerte sentido de identidad regional, para que por encima del aprovechamiento del agua, podamos seguir siendo, no sólo el estado con más capacidad acuífera de Venezuela, sino el de mayor capacidad para otorgarle al país la seguridad alimentaria que puede florecer de nuestros suelos, puntualizó Morales.

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