Belky Montilla, patrimonio moral yaracuyano

Desde siempre reconoció que en cada anciano de la comunidad se guardan fieles testimonios, son bibliotecas vivientes que ella rescata del olvido para seguir alimentando la otra voz del pueblo

Raúl Freytez / Fotos: Marcos Melo /Colección privada de BMR

Hay personas que vienen al mundo a cumplir una misión, a realizar tareas que para otras, muchas veces, son inalcanzables, pero que en cambio materializan con esmero, ética y de paso con sumo placer por formar parte esencial de su razón de ser.

El temple de Belky Montilla sólo es comparable a la valentía del bravo Peña (Foto Marcos Melo)

El temple de Belky Montilla sólo es comparable a la valentía del bravo Peña (Foto: Marcos Melo)

Así le ha correspondido a una yaritagüeña que desde muy joven se destacó por su inquebrantable afecto a las cosas menudas de la historia; esos detalles que para muchos son sencillamente ignorados, lo que la motivó a conocer sus orígenes, su nata yaracuyana, por lo que siempre escuchaba atenta los cuentos, anécdotas y conversaciones de los mayores para luego atesorarlas en el cofre de sus recuerdos, coleccionadas en su memoria y darlas a conocer a las nuevas generaciones, sobre todo a la hora de impartir clases a sus alumnos, a quienes les inculcaba ese amor que siempre ha sentido por la historia de su localidad. Ella es Belky Montilla de Romero, Cronista del municipio Peña y un reflejo fiel del patrimonio moral yaracuyano.

Un libro abierto

Belky creció en el mero centro de Yaritagua, muy cerca de la plaza Bolívar donde tuvo la oportunidad de ver los carruseles y bazares, las retretas, los bailes de tamunangue con su temerario juego de batalla; los velorios de Cruz en el Cerro La Matica y, desde luego participar en las procesiones de Semana Santa y hasta bautizar al Niño Jesús; tradiciones de raigambre en ese espacio yaracuyano.

En su afán de aprender, escudriñaba el paso del tiempo aún con la mente infantil dibujada en bosquejos de alegría y juegos, pero también con la recia disciplina en el hogar que conformaban Juan Montilla y Antonia Escalona. Su padre, “un comerciante de sombrero y liquiliqui, responsable y trabajador” le inculcó lo que habría de convertirse en una parte más de su ser, como páginas abiertas de un libro a través de la disciplina y la constancia, aquilatados valores de los que jamás se ha desprendido, sobre todo en lo referente a la puntualidad, el amor al trabajo y al terruño.

De su madre, Antonia Escalona de Montilla, absorbió el amor que ésta le profesaba a su pueblo, usanzas y costumbres, siempre comprometida con las tradiciones del pueblo yaritagüeño; “mujer perseverante, luchadora, siempre risueña e incondicional amiga”, nos cuenta Belky, al destacar que su especial afecto por las tradicionales tardes de toros coleados del Green, motivó a la municipalidad a designarla en 2000 la madrina de esta recia disciplina, junto a la educadora Josefina de Romero, ambas fallecidas recientemente.

De allí debe provenir su esencia, su norte, su amor por el pueblo que le vio nacer, crecer, reproducirse y un día –ojalá que muy lejano- le verá partir como partió su hermano William, siendo muy joven y a punto de obtener el título de economista en la Universidad de Carabobo, así como sus padres y su esposo; designios de la vida que no la han amilanado, pues ha sabido encumbrarse por encima del dolor para perseverar con afán por el presente y futuro de su familia, sus hijos y nietos, de ahí el valor de su temple, digna hija del bravo Peña.

Amor por las letras

Uno de sus recuerdos imborrables se sustenta en el ejemplo de la madre Silvana, durante sus estudios primarios en el Colegio “Hermanos Martínez Ojeda”. “La madre Silvana, era muy risueña y nos enseñaba teatro, por lo que desde muy niña tuve la oportunidad de participar en las veladas que esta institución preparaba”, afirma con un lozano dejo reminiscente.

También recuerda a la madre Emilia, “quien además era la directora, muy estricta, excelente educadora, como también Angélica Seijas de Lucena, quien impartía historia y geografía de Venezuela”, de quienes obtuvo el conocimiento a perpetuar sus propios recuerdos a través de su amor por las letras.

Recién culminados sus estudios primarios, ingresa al Liceo Mario Briceño Iragorri de Barquisimeto, y luego al Colegio Santa Lucía donde se gradúa como Maestra Normalista en 1971. De esa estadía recuerda a los profesores Armando Morón Montero, José Pastor Garfidez y Hortensia de González, entre otros; todos con mucha ética profesional e incansables forjadores de juventud, quienes abrían brechas para dedicarse a la educación de los niños yaritagüeños. “Esta tierra ha sido cuna de ilustres docentes, al punto de que Yaritagua exportaba maestros hacia otros estados venezolanos”, apuntó Belky con orgullo.

“Mi primera escuela fue la Jacinto Gutiérrez Coll, de Urachiche, donde me inicié en el mundo de la docencia”, recinto escolar que le permitió explorar el bagaje de conocimientos, y luego fue transferida a la escuela Jesús Millán, de Yaritagua, en los primeros grados hasta llegar hasta la Tercera Etapa, como tiempo completo hasta su jubilación.

Eterna aprendiz

Pero no conforme con ello, en ese sempiterno afán de aprender más y más, continuó sus estudios y en 1989 egresa como Profesora del Instituto Pedagógico de Barquisimeto graduándose Summa Cum Laude, y en 1994 obtiene el título de Magíster Scienciarium, en la Universidad Bicentenaria de Aragua, de la cual fue nervio motor, junto a Teresa de Quiaro para la instalación de un núcleo en Yaritagua.

Luego hizo un Diplomado con cursos de Extensión Universitaria, dedicado a los Cronistas Oficiales de Venezuela en la Universidad Pedagógica El Libertador, extensión Carabobo, en Valencia para el año 2004 y en Mayo de 2006 la Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo le confiere el título de Comunicadora Social.

En la actualidad, concluyó la carga académica de un Doctorado en Patrimonio Cultural, en la Universidad Latinoamericana y del Caribe en la ciudad capital, el primero que se realiza en el país, donde sólo 15 venezolanos tendrán esa oportunidad de doctorarse en esa área.

Su inagotable vitalidad y ansias de aprender, la hacen merecedora de afecto y reconocimiento de su pueblo, que aprecia en su justo valor el esfuerzo y dedicación por dejar bien en alto el color de nuestra bandera, claro ejemplo de distinción regional, por lo que Bitácora del Cronista se honra en tenerla en sus páginas teñidas de agradecimiento y admiración por su invalorable aporte al perpetuar los pequeños y grandes recuerdos de nuestra historia, impidiendo así la desmemoria de esta región de tradiciones, mitos y leyendas, pues nadie puede amar lo que desconoce.

Incansable sin duda, pues los últimos treinta años de su vida los ha dedicado a estudiar, como una eterna aprendiz, a obtener el conocimiento científico para llevar a cabo con propiedad esa noble y ardua tarea como lo es el trabajo de Cronista Oficial del Municipio Peña que desempeña desde 1999, así como sus compromisos de Presidenta de la Asociación de Cronistas Oficiales de Yaracuy, y recientemente designada Secretaria de Organización de la Asociación de Cronistas Oficiales de Venezuela (Ancov), responsabilidades éstas que en ningún modo le han quitado la oportunidad de compartir con sus hijos Rubén, Ruby y Rudy Belisa, fruto de la unión con Rubén Romero; todos profesionales y sensibles a la cultura, las artes y el trabajo social, lo que le llena de orgullo, sin dejar a un lado a sus nietos consentidos Rubén, Aaron, Jonás y Gabriel, las semillas que algún día germinarán sustentadas en el ejemplo de su aguerrida abuela.

Teatro, poesía y crónicas

Su meritoria labor ha sido reconocida por diversas instituciones públicas y privadas, plenas de condecoraciones y homenajes a lo largo y ancho del territorio regional y nacional, porque desde siempre reconoció que en cada anciano de la comunidad se guardan fieles testimonios, son bibliotecas vivientes que ella rescata del olvidopara seguir alimentando la otra voz del pueblo, la voz olvidada de la memoria, que también forma parte de la historia, y su flama productiva aún se mantiene intacta con el mismo ardor de los primeros años, por lo que escribir de alguien que sabe de letras -porque es su especialidad- en verdad no es nada fácil, pero sí reconfortante porque se aprende sobre la marcha, y ése es el sentido que ha querido otorgarle a su vida nuestra entrevistada, que no sólo se ha ocupado en su labor de docente y cronista, pues ha escrito obras teatrales, patentizado en las piezas “Simón Bolívar en el Monte Sacro”, “El Congreso Anfictiónico de Panamá”, “Blanca Nieves y los siete enanos”, “El encuentro entre José Vicente Peña y José Antonio Páez”. Así como también ha escrito poemas dedicados a Alí Primera, el Cantor del pueblo, a Yaritagua, a Santa Lucía, a José Juan Delgado, y otros. Además de escribir semblanzas de algunos personajes importantes de su pueblo natal, acción que le ha caracterizado por su fina pluma y sabia combinación de la crónica, la prosa y la rima.

Además se le reconoce su trabajo sostenido de investigación y documentación de fuentes que ha ofrecido con los títulos “Yaritagua, tierra fértil y generosa”; “Génesis de un pueblo”; “El Municipio Peña, Su Simbología y otros aspectos de interés”; “El pueblo de Santa Lucía de Yaritagua, Tras la búsqueda de su historia”, así como “La rebelión del Negro Miguel”; Biografía de Rafael Caldera y Vasijas yaracuyanas.

Y como si fuera poco ha editado material no bibliográfico, relacionados en los videos: Tradiciones Religiosas del Municipio Peña; La Fiesta de San Juan Bautista y San Felipe El Fuerte; Nirgua; El Municipio Arístides Bastidas; Aroa; Personajes Yaracuyanos y El Monje del Capuchino, teniendo pendiente la edición de sus trabajos más recientes, entre los que destacan: Yaritagua y su Zona de Interés Histórico Tradicional; Trescientos años de la Parroquia Santa Lucía 1707-2007, Cofradías y Sociedades Religiosas del Municipio Peña y El Recetario Yaritagüeño, actualmente en imprenta.

Inauguración de la sala regional de la Biblioteca Oswaldo Méndez, en Yaritagua, que lleva por nombre Belky Montilla

Inauguración de la sala regional de la Biblioteca Oswaldo Méndez, en Yaritagua, que lleva por nombre Belky Montilla

Como debe ser

Acertadamente Rosner Carvallo escribió en el prólogo de “La Máquina del Tiempo”, uno de los libros de Belky a punto de publicarse, que “en su trabajo ha investigado sobre fechas históricas, hechos relevantes para la cultura, sitios frecuentados que fueron y que ya no son y personajes importantes que le han dado vida a la cultura en sus diferentes aspectos, entre los cuales tenemos músicos, coristas, poetas y poetisas, actores y actrices, directores de orquestas, cantantes y personajes populares; hombres y mujeres valiosos, pintorescos y que forman parte de esa diversidad”, lo cual sin duda es indiscutible, pues parte de su labor de cronista tiene que ver con resaltar los valores regionales, y por qué no, inmortalizarlos, con esa pasión innata que sólo se lleva en el alma para regalar a sus semejantes con el entusiasmo y la felicidad de sentirse yaracuyana, y no sólo de palabra, sino de hechos, como debe ser.

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