La voz de Cocorote retumbó a través de Alberto Ravell

La sola mención de su nombre provoca en los periodistas inobjetable admiración

Ángel Méndez

Foto: Cristóbal Hernández

 Despertaba el día y a su albor primero,/ con sus mil ruidos despertaba el pueblo./ Ante aquel contraste de vida y misterios,/ de luz y tinieblas, medité un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! (Gustavo Adolfo Becker). Así exclamó el poeta sobre la soledad que arropa a los difuntos, esos que ante el mar de lágrimas fraternas se quedan solos, mudos, en el silencio sepulcral. De la memoria se borran, la mayoría de ellos, pero los grandes, los que se destacan por una u otra razón, jamás pasan a ese estadio. Sus obras, la mayoría de las veces sueños hechos realidad, quedan para preservar la memoria. Las hazañas (o sus crímenes) permanecen retozando en el jardín de quienes tejen quimeras y cierran los ojos para sonreír o maldecir, todo depende de los pasos terrenales, de sus aciertos o yerros, de las bondades o maldades. Así permanecen por siempre y se hacen eternos.

Alberto Ravell, pionero del periodismo radial en Venezuela

Alberto Ravell, pionero del periodismo radial en Venezuela

Alberto Ravell jugó en el equipo de los inolvidables. La sola mención de su nombre provoca en los periodistas inobjetable admiración. Tirios y troyanos reconocen sus méritos de gran luchador, trabajador incansable, defensor a ultranza del sistema democrático. Enfrentó sus miedos con valentía y asumió 15 años de oscuridad con gallardía. Venezuela nunca terminará de pagar la deuda que tiene con este yaracuyano insigne que decidió nacer en Cocorote para orgullo de sus habitantes, el 30 de Noviembre de 1905.

Alberto Federico Ravell, su hijo, en una ocasión aseguró que para su padre era un tema obligado de conversación el pueblo de Cocorote, “y quizás no lo debería decir… hasta donde yo sé mi papá nació en San Felipe, pero él un buen día asumió que había nacido en Cocorote; decía que de esa forma él iba a ayudar a ese pueblo a salir adelante. Él siempre estuvo pendiente de Cocorote y a mí me quedó la gran duda. No sé si fue en Cocorote o San Felipe donde nació”.

Lo cierto es que Alberto Ravell, el periodista, el demócrata, el cocoroteño o sanfelipeño, es, definitivamente yaracuyano; un personaje que cultivó muchas amistades, pero también fue implacable a la hora de la crítica. Su voz se convirtió fue el pregón de Radio Continente, quizás la emisora más importante del momento. A través de las ondas hertzianas este cocoroteño fue inflexible.

Alberto Ravell trabajó como arriero en su infancia. Rebelde, dotado de una gran capacidad de observación, veía cómo su país era aplastado por el yugo de la tiranía. A los 15 años acompaña a su padre -Federico Ravell- en un alzamiento contra el gobierno de Juan Vicente Gómez. Ambos fueron capturados y encarcelados en el castillo Libertador de Puerto Cabello, en 1921.

Al recuperar su libertad, se va al exterior como polizonte en el buque “Eupatoria”. Participa como guerrillero en Guatemala, combatiendo al gobierno del general José Orellana. Más tarde ancla en México donde lo recibió el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México y férreo opositor en ese país al régimen gomecista.

En México, Ravell amasa la idea de liberar a Venezuela de Juan Vicente Gómez, y junto con el coronel mexicano Manuel Berrocal regresa en 1923 a Venezuela resuelto a asesinar al dictador. Utiliza para ello identidades falsas, pero alguien los delata y fueron capturados, torturados y llevados al Castillo Libertador de Puerto Cabello.

Apuntan sus biógrafos que Berrocal muere en prisión, en tanto que Ravell permanece encarcelado hasta la muerte del tirano, el 17 de diciembre de 1935.

“Fueron 15 duros años en la cárcel, pero eso no lo arredró nunca. Fue allí, tras las rejas, donde aprendió siete idiomas, se bebió todos los libros que te puedas imaginar bajo el humo de los apreciados “taquitos” de cigarros que le lograban enviar”, escribe en su historia. “Mi niñez está centrada en el exilio, corriendo por las calles de Trinidad y Cuba, por donde deambulamos por casi 10 años”.

Se convierte en el gran radiodifusor

Al recuperar su libertad, durante el gobierno de Eleazar López Contreras, inició una campaña contra de la prostitución y el vicio. El éxito fue tal que tuvo la oportunidad de transmitirla a través de la emisora Radio Continente de Caracas, en un programa que fundó llamado “El espejo de la ciudad”. La sintonía era bárbara. Como periodista, siendo autodidacta, fue uno de los grandes, era una ametralladora. En la radio él sentó cátedra. Por ejemplo, el grababa un programa que duraba media hora y le decían que la grabación había salido mala, se disparaba otro, sin titubear y sin tener nada que ver con el anterior que ya había hecho. Tenía mucho verbo, era muy fogoso. Y lo que dejó aquí fueron buenos recuerdos. Desde Continente, fustigaba a todo el mundo. Para él la justicia iba primero. Se cuenta que el mismo Rómulo Betancourt, ya Presidente, en más de una oportunidad lo llamó para reclamarle determinado comentario, pero siempre en el tono amable que le caracterizaba, pues ambos fueron combatientes de la tiranía.

Durante su estancia en Caracas, o a cualquier lugar que llegara, él se hacía amigo de todos, ya que luchó junto a ellos, el pueblo, por el restablecimiento de la Democracia. Siempre sostuvo su pensamiento socialdemócrata, pero eso jamás fue obstáculo para que él soltara “plomo parejo” por el micrófono cuando lo creía conveniente, sobre todo si algún funcionario o institución se atrevía a pisotear los derechos del pueblo. Todos los políticos le respetaban de modo absoluto por su gallardía, profesionalismo y venezolanidad.

Sin lugar a dudas él no dejó nada material, pero sí muchos amigos, gente del pueblo, bodegueros, amas de casa, albañiles, periodistas, poetas, músicos y escritores, y también políticos reconocidos como Raúl Ramos Giménez, Jóvito Villalba, Gustavo Machado, el maestro Pietro Figueroa y Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, entre muchos personajes de su tiempo, y apenas tenía un chance, arrancaba para su pueblo, Cocorote; nunca perdió el vínculo con el estado. Venía y regresaba a Caracas con la camioneta llena de plátanos, gallinas, azúcar, caraotas y el corazón henchido de felicidad.

Alberto Ravell, el luchador, el incansable, el hombre culto y emprendedor. Luego de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, trabajó nuevamente para Radio Continente, donde dirigió el noticiero Radio Reloj Continente hasta sus últimos días. Murió en Caracas el 4 de Agosto de 1960.

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