Néstor Carrera: “Si no pinto es igual que morirme lentamente”

“La puerta” nos da la bienvenida a un espacio policromático

Raúl Freytez

Foto: Magaly Martínez

El arte tiene que ver con una razón de vida que va más allá de lo meramente pictográfico; son imágenes internas del ser, del sujeto que rememora su existencia. Es, definitivamente, una manera de vivir eternamente que bien puede endosársele a las obras del yaracuyano Néstor Carrera, por la placidez que emana su hogar, convertida en morada de exhibición permanente.

Néstor Carrera

En las obras de Néstor Carrera se fusionan la realidad y la fantasía en una amalgama de colores y formas de exquisita belleza (Foto: Magaly Martínez)

Nomás entrar a su apartamento en los bloques de Cocorote, una obra de arte nos da la bienvenida: “La puerta”, representada en la Virgen del Valle entre ondas azules donde flotan canoas, lanchas y botes multicolores, mientras peces, aviones y papagayos giran alrededor de los nombres de sus seres amados: su madre, su abuela, su esposa, sus hijos, su suegra, su todo; la genealogía de su existencia. La puerta nos da la bienvenida a un espacio policromático.

“Cosas fantásticas que contaba mi abuela”

“El gran charco del patio que reflejaba los sueños, los miedos y los deseos que mis hermanos y yo compartíamos secretamente”, “Sueños dispersos”, “De los juegos del patio y otros recuerdos”, “Tarde y galope”, “Vitral tras la lluvia”, “Mafalda: sueños y recuerdos” y “Celaje”, son tan sólo algunas de las obras que le han merecido elogios de la crítica, cruzando los espacios de galerías nacionales e internacionales junto a exitosos artistas de la talla de Freddy Villarroel, Enrique Lobo, Manuel de la Fuente, Justo Osuna, Luis Alberto Hernández, Roberto González, Hugo Álvarez, Freddy Ontiveros, Gasniela Panasiani, Rodrigo Rodríguez y Rita Buapertuy.

“Si no pinto, si no planteo mis deseos, ideas y pensamientos en la tela, es igual que morirme lentamente”, expresa el artista, al añadir que su fuente de inspiración se basa en los recuerdos que mantiene vivos en su mente por los predios de Campo Nuevo, atento a las enseñanzas de su abuela Juana del Carmen, cazando iguanas, bañándose en el río o volando papagayos ante la evocación imborrable de la bicicleta que nunca llegó a tener, porque “en realidad lo que pinto no son otras cosas sino lo que guardé de niño, lo que vi, lo que escuché, lo que soñé, lo que imaginé, lo que viví y muchas cosas fantásticas y extrañas que contaba mi abuela”, reveló Carrera.

En “Paisajes del alma”, exhibición de reciente data en la Sala de Arte Giotto, de Barquisimeto, logró plasmar un considerable portafolio artístico con títulos que adornan galerías y paredes de coleccionistas con las obras: “Camino de duendes con reguera de sueños”, “Pajaramentazón con ribazón… y otros recuerdos”, “Tiovivo multicolor”, “Más acá que de allá” e “Iglesia, sueño y deseo”, entre 24 lienzos donde planteó una mejor forma de vivir empleando la poesía del arte y la fantasía.

Presencia cultural

Néstor Carrera nació en San Felipe en 1958, pero pasó su infancia en Campo Nuevo, caserío perteneciente al municipio Sucre, del estado Yaracuy, al cuidado de doña Juana del Carmen, a quien al correr de los años dedicaría sus estudios de arte puro en la Escuela de Artes Plásticas “Carmelo Fernández” y posteriormente en la Universidad Nacional de San José, en Costa Rica.

Por su dedicación al estudio logró destacarse en su paso por la Escuela de Arte Carmelo Fernández, donde dejó claras huellas de identidad con sus alumnos y con la cátedra durante más de tres décadas de ejercicio docente.

Desde entonces muchas han sido sus experiencias en el mundo del arte, recorriendo galerías, salones, museos y convenciones de Venezuela y el exterior, tal como en 1978 en la Sala Elisa Elvira Zuloaga; I, VIII, X, XII y XV Salón de Arte Aragua, años 86-87-95; V y VI Salón de Arte Carmelo Fernández, de San Felipe, años 90-91; VII, IX y XI Salón Caribe, Coro, años 94-96; XII y XIII Salón de Artes Visuales, Museo Carmelo Fernández, Yaracuy, año 2002; I y II Salón Regional de Artes Visuales Edgar Giménez Peraza, Yaracuy, y Galería Óleo y Temple, en Barcelona, estado Anzoátegui, año 2004-05; Galería del Centro Hispano Marroquí, Madrid, España, año 2008; Casa Pontes Madrid, España, año 2008 y Galería Altamira, Otawa, Canadá, año 2008.

En reconocimiento a su labor artística obtuvo el 1er. Premio de grabado y 1er. Premio de serigrafía, otorgado en la II Convención de Gobernadores, en la ciudad de Coro, año 1980; 2do. premio del I Salón Carmelo Fernández en San Felipe, estado Yaracuy y mención de honor del 1er. Salón Edgar Giménez Peraza en 1983; 1er. premio I y II Salón Artes Visuales Edgar Giménez Peraza, Museo Carmelo Fernández, año 2005.

Lenguaje del color

Para el creador de obras de arte es importante mostrar su talento sin encasillarse como artista de pueblo, indicó Carrera, para confrontar sus obras con autores en una sana jornada de competitividad que a la postre permitirá sopesar su valor en altos niveles, al tiempo de retroalimentarse de las experiencias de otros con mayor proyección.

Y en este sentido las obras de Néstor Carrera se han disputado lugares privilegiados en galerías y museos, pues logran la fusión de la realidad y la fantasía en una amalgama de colores, trazos y transparencias que revelan el temple del artista, incorporando flores, bicicletas, árboles, soles, caballos y morrocoyes al paisaje como elementos oníricos que tienden pasarelas hacia lo real e imaginario; son pinceladas convertidas en cantos a la vida, trazando rasgos en el lienzo, mientras cambia el tapiz en una obra de arte.

Frente al lienzo Néstor Carrera juega con el lenguaje del color en enunciados de movimientos expresionistas en una fuga de matices impresionantes que no renuncian a la intensidad cromática, si no más bien la asimilan vivamente.

Carrera no vacila en formular que solamente pinta y hace lo que siente, porque su razón de ser ha sido y es el arte, y con esa expresión deja en manos de la crítica, libertad plena para que hablen de su técnica, y nada mejor para llegar al punto de esta reflexión que apuntar hacia una de las principales características de sus trazos, que provienen de su acendrada pasión por el expresionismo impreciso, sin dejar de revelar el volumen de los rasgos en las imágenes, en la sinuosidad de las formas, sin ajustarse a los límites de la representación convencional, precisamente por ser un arte figurativo.

De ahí la hermosura de sus planteamientos pictográficos. Y ahí radica el valor de sus pinceladas.

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