María Lionza, la primera conservacionista de Venezuela

La fauna del lugar está protegida por la diosa y por ende no puede ser dañada so pena de atraer la ira de ésta

Trino Barreto E.

La montaña de Sorte Palacio Real de María Lionza, fue declarado monumento natural mediante el Decreto No. 234 del 18 de Marzo de 1960, y tiene una extensión de 11.993 hectáreas.

María Lionza

María Lionza, ilustración de María Paula Dufour

Se ubica en el sector suroeste del Estado Yaracuy, Macizo de Nirgua, Sistema Montañoso del Caribe, con una altura de 210 a 1.208 m.s.n.m. Es un macizo montañoso cubierto de bosques vírgenes y con gran variedad de flora y fauna. Se corresponde a la zona de vida: Bosque húmedo tropical, donde se desarrolla una selva nublada. Vertiente Norte del Río Yaracuy que drena al mar Caribe y una serie de riachuelos y quebradas de la subcuenta del río Yaracuy, además de los ríos Charay y Chorros desaguan al Embalse de Las Majaguas.

Destacan por su abundancia los reptiles, en particular iguanas, lagartos, culebras venenosas y no venenosas. Entre los mamíferos, la danta o tapir, el venado matacán, el cunaguaro, la lapa y monos araguatos.

Los sitios de mayor interés son Sorte, Quibayo, Aracal, Buchicabure. Charay, Cerro La Danta, El Chorro, Tacarigüita, Las Cascadas. La entrada principal es por Chivacoa, con vías de acceso de carreteras engranzonadas vía el Central Matilde por los sectores Quibayo, Sorte y El Loro, existiendo un acceso por el municipio Urachiche a través de la autopista Centro Occidental

A María Lionza la presentan desde la perspectiva mitológica como la fortaleza, la fusión de lo femenino y lo masculino en los elementos procreadores y dadores de vida, en lo humano y en la tierra, capaz de transmitir su fecundidad; la seguridad, ya que nunca está sola, pues le acompañan una serie de espíritus de ambos sexos y personajes mitológicos y protectores, que direccionan lo espiritual, pues ella guía en la vida y la muerte, y tiene la capacidad canalizadora del equilibrio ambivalente entre lo malo y lo bueno, la vida y la muerte, lo individual y lo colectivo, lo social y lo terapéutico, la salud y la riqueza.

Pero desde la óptica cultural tradicional, el pueblo concibe a María Lionza como una diosa de la naturaleza y del amor, hermosa mujer de ojos verdes, pestañas largas, amplias caderas y cabello negro liso que le llegaba a la cintura adornado por flores; de sonrisa dulce y voz suave y de su cuerpo emanaban olores a orquídeas, princesa que tenía la capacidad de comunicarse con los animales y era dueña de las lagunas, ríos y cascadas; madre protectora de la naturaleza que vivía como encanto en forma de serpiente en el fondo de las aguas, y que por las noches cabalgaba sobre una danta, un jabalí o un jaguar. También viene expresada en el complejo mítico del agua como elemento fundamental para mantener la vida en la tierra, y sus tres formas primordiales en la naturaleza: el agua en reposo en los lagos, estanques y lagunas, el agua que fluye en ríos, quebradas y cascadas y el vaivén de las aguas de los mares.

Es considerada la reina, madre y diosa protectora de la naturaleza, que vive en un palacio situado en las montañas de Sorte. Allí se encuentra rodeada de animales, espíritus subalternos y almas que le rinden pleitesía, al pagar servicios recibidos. De la misma forma, es diosa de la fertilidad, patrona de la vegetación, que otorga fertilidad a los campos y a los humanos.

María Lionza es concebida con una personalidad dual o de dobles atributos; una entidad o diosa bondadosa a la que se le venera y que es considerada por la gente como la protectora de la naturaleza, de los animales, las cosechas, y a la vez, es una fuerza o espíritu con la que se establecen alianzas, que al no cumplirse acarrean castigos y desgracias.

La representación de María Lionza siempre está vinculada a los elementos de la naturaleza, como una energía cósmica procedente del universo que se basa en la veneración de las fuerzas de la naturaleza, de los espíritus que habitan en los ríos, cuevas y montañas, que representa un conjunto de atributos estrechamente relacionados con valores hacia la conservación del ambiente y la defensa de la mujer como una unidad, en virtud de la asociación establecida por la figura de la tierra, la madre y lo femenino.

Es por ello que no hay duda en afirmar que la primera conservacionista de Venezuela fue María Lionza, pues entre las creencias se considera que tanto la floresta como la fauna del lugar están protegidos por la diosa y por ende no pueden ser dañados so pena de atraer la ira de ésta, y es interesante notar que este ecosistema (montaña de Sorte) es respetado y está menos intervenido que otros ecosistemas circundantes.

Por ello, la concepción indígena/mitológico ancestral de la conservación, introduce en el manejo ecológico una variedad amplia de elementos que para la mayoría resultan irracionales e irrelevantes; pero en realidad constituyen un cuerpo coherente de información que no sólo posee una gran riqueza de conocimientos ancestrales, sino que también proporciona una base ética fundamental en el manejo de la biodiversidad.

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