Juan Rubén, el primer heraldo de San Felipe

La Plaza Bolívar, la Boca del Churro, Zumuco y la 5ta Avenida fueron sabaneados por este trovador de ilusiones

Raúl Freytez

Pocos de esta generación recuerdan a Juan Rubén, un hombre de pueblo, sencillo, humilde en extremo y exageradamente trabajador, quien habría de convertirse en el mensajero de buenas y malas noticias a través de los titulares que pregonaba con su lengua mocha por esas calles del San Felipe de ayer, sobre todo por la 5ta Avenida.

Juan Rubén Badel

A Juan Rubén jamás se le escuchó una frase grosera o insultante, y su modo de ser amable y servicial le hizo convertirse de algún modo en leyenda urbana

En él, San Felipe tuvo entonces su mensajero, un apelativo que se ganó a fuerza de caminar sin descanso con sus zancadas cortas, voceando incluso ofertas de los negocios del lugar para ganarse el sustento del día.

Calzaba alpargatas gastadas, franela blanca manga larga y otras veces corta, pantalón de kaki arremangado o “brincapozo”, y en la cabeza un sombrero que oscurecía el perfil salpicado de unos pocos vellos, que le otorgaban un cierto parecido a Popeye el marino, pues el ojo derecho se le achicaba por el peso del párpado, y a pesar de su rígida catadura siempre mostró una placidez indefinible en el rostro -nunca mal encarado- que bien podría definirse de inocencia, aderezado de una sonrisa eterna para congraciarse con la vida.

Juan Rubén salía muy temprano de su casa en la esquina de la calle 9 en el barrio Zumuco, a escasa media cuadra de la Comandancia de la Policía, la sede de la Circunscripción Militar y la Región Sanitaria, para más señas, a ganarse la vida, bien haciendo mandados a particulares, vendiendo periódicos o voceando consignas publicitarias de las Tostadas El Gallo, de Mauricio Lorenzo, del Centro Bazar El Único, de la Panadería Estrella o de la Farmacia Las Mercedes: “Haj aceijte de rijcino pa vaciar el intentino, en lajmercede, haj aceite de rijcino, haj aceite de rijcino”, pregonaba a los cuatro vientos con su característica y repetitiva lengua mocha.

A Juan Rubén jamás se le escuchó una frase grosera o insultante, y su modo de ser, amable y servicial, le hizo convertirse de algún modo en leyenda urbana. Lo cierto es que todos los días bajo un palo ‘e sol, este hombre de pequeña estatura recorrió a pie la 5ta Avenida, enjuto su cuerpo trajeado de humildad, paseaba voceando noticias con pasos medidos de a centímetros por sus cortas extremidades.  

Juan Rubén Badel Domínguez, nació el 27 de Marzo de 1924, de la unión de Felipe Antonio Badel y Ana Lucía Domínguez, quienes también procrearon a Guadalupe, Ramón, Isidro, Estílita, Saturno, Victoria, Petra, Paula, Honorio y Pilar.

Juan Rubén apuraba el paso con su pequeña carga de periódicos, y aunque muchos no entendían sus insistentes articulaciones verbales, él seguía voceando las noticias o titulares que con antelación le confiaba Mauricio, quien por cierto en una ocasión propició una “gran vaca” entre sus innumerables amistades para comprar y obsequiarle un megáfono que transformaría a nuestro personaje en el primer heraldo de San Felipe con un altoparlante a baterías.

La Plaza Bolívar, la Boca´el Churro, Zumuco y la 5ta Avenida fueron sabaneados por este trovador de ilusiones, que a “medialengua” dibujó su silueta campechana por última vez en el San Felipe del mes de febrero de 1994 cuando apagó su megáfono a los 89 años de edad.

Anuncios

Un pensamiento en “Juan Rubén, el primer heraldo de San Felipe

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s