Daría Giménez, la costurera del Santo Apóstol San Felipe

Con apenas 91 años perpetúa la tradición de vestir al Santo Patrono de los sanfelipeños

Esteban Velásquez

Fotos: Roibert Muhlemann

La devoción es la entrega total a una experiencia, por lo general de carácter místico. Es también la irresistible atracción hacia una idea, una persona, un rey, un santo, una persona amada o un ser vivo. Nuestra devoción suprema es hacia Dios.

Para la devoción es esencial la disponibilidad para hacer cualquier cosa que honre a Dios, sea en público o en privado, sea oración o sea servicio. A la persona que tenga esta disposición se le llama “devota”.

Daría Giménez

Doña Daría es dichosa al coser la ropita de su Santo Patrono San Felipe

Con 91 años de edad, 13 fracturas en todo su cuerpo, siete infartos en su haber y una prótesis en cada pierna, la señora Daría continúa perpetuando la tradición de vestir al Santo Patrono de los sanfelipeños; actividad que viene realizando desde hace 63 años, como pago por una petición que le hizo en 1946, cuando le rogó a San Felipe que le diera la oportunidad de estar más cerca de su familia.

“Cuando murió mi mamá, yo estaba muy joven y me tuve que ir de San Felipe a trabajar como maestra en Los Llanos. Cuando me fui no me gustó. Para aquellos años no existían carros ni carreteras, por lo que teníamos que viajar en mula, eran siete días que teníamos que dormir a la intemperie y yo quería estar con los míos. Por algunos años me trasladaban de escuela a escuela, cada vez más lejos, hasta que le pedí a San Felipe que me concediera el milagro de estar cerca de mi gente, de mi familia. En menos de dos años volvía a mi tierra con los míos. Desde entonces estoy vistiéndolo todos los años”, destacó la señora Daría.   

Tradición familiar

La señora Daría cuenta que el hecho de elaborar el traje y vestir a San Felipe todos los años ha pasado de ser el pago de una promesa a convertirse en una tradición familiar, en la que se involucran arduamente sus hijos, sus nietos y bisnietos, en especial en los últimos dos años, cuando su estado de salud ha estado un poco más quebrantado.

“El año pasado tenía una fractura en el brazo derecho y cumplí, este año me acababan de operar para colocarme la segunda prótesis en mis piernas y aún así cumplí gracias al apoyo de mi familia, que me ha ayudado en todo y han hecho de esta actividad una tradición familiar. Todos ayudan, todos comparten esta devoción. Incluso me llevaron hasta la Catedral y me tenían levantada para que yo pudiera vestir a nuestro santo”.

Abuelita millonaria

Entre sonrisas y suspiros, la señora Daría aseguró que ella era millonaria, rica en amigos que ha cosechado desde hace muchos años y que la hacen sentir querida y que su familia se ha engrandecido con el pasar del tiempo, por la gran cantidad de personas importantes que han entrado en su corazón.

“Después de 12 años como maestra, abrieron la sede del IPASME en San Felipe y como yo tenía conocimientos de enfermería trabajé allí. En ese lugar hice muchos amigos, compadres, comadres, hijos, ahijados, pues estuve 37 años trabajando como enfermera”, aseguró.

Cambio de “look”

La señora Daría nos contó que una vez intentó ponerle un traje color crema o beige a la imagen de San Felipe de la Catedral, pero que el párroco de aquel entonces le explicó que los colores tradicionales del Santo Patrono yaracuyano tenían que mantenerse, pues forma parte de lo que fue en vida y muerte.

“A pesar de la iniciativa, tuve que aceptar mantener los colores tradicionales en el vestuario, porque el rojo representa que este santo fue un mártir, el verde es porque es el protector de los agricultores y el dorado por la riqueza espiritual de los milagros que ha concedido. Estas características viven en el alma de todos sus devotos. No me entristecí por ello, al contrario, trabajé -y lo sigo haciendo- con más esfuerzo aún, para que mi ropita quedara bien hecha”, comentó en medio de sus recuerdos.

Con Felipe y “Felipito”

Un bosquejo de sonrisa pícara no deja esconder el dejo de una niñez traviesa, para contarnos que el cariño que le pone a su labor con San Felipe es ciento por ciento proporcional al que recibe de parte de todos los integrantes de la congregación y que este año recibió una sorpresa que la hizo llorar a “lágrima suelta”, cuando el 1 de mayo el padre José Gregorio Carreño, párroco de la Catedral, le dijo “aquí está tu santo”.

“Yo me entristecí mucho cuando cambiaron la ruta de la procesión –que antes pasaba por el frente de mi casa-, porque dijeron que en esta calle no había mucha luz. Resulta que en una oportunidad me dijeron que otra persona le iba a hacer la ropa a San Felipe, pero no me desanimé y -como siempre- yo le hice su ropita también; por insistencia de mi familia fuimos a casa de una hermana en la avenida La Patria para ver la procesión. Resulta que cuando el santo pasó por la esquina de mi casa comenzó a llover y se fue la luz. En el momento en que pasó por donde estábamos, volvió la luz. Al final, como el santo estaba todo mojado, lo tuvieron que cambiar y ponerle mi ropita”, enfatizó.

Siguiendo con esta tradición, la señora Daría destacó que este año su sorpresa fue muy grande, porque el párroco le dijo “aquí está tu santo” y la procesión entró a su casa. Jocosamente el padre le hizo referencia a que ya podía estar junto a su Felipe y su “Felipito”, como llama a la imagen del santo que tiene en su sala y que le fue regalada pro su hija hace seis años, para que la confortara y acompañara siempre. Esta imagen visitó 52 hogares sanfelipeños este año, porque así lo solicitaron las familias devotas.

Hermandad de fe

La entrega y pasión por la labor que realiza la señora Daría se ha recreado de tal manera en el corazón de muchos sanfelipeños -y yaracuyanos en general- que formó parte de la fundación de la Hermandad Devotos de San Felipe Apóstol, organización que tiene seis años trabajando de la mano con la Iglesia Católica para organizar actividades en honor al Santo Patrono en su comunidad Caja de Agua.

A pesar de que Daría afirma que el único santo que “no la quiere” es San Pedro, “porque varias veces le he tocado la puerta y no me ha dejado ir al cielo” -refiriéndose a los seis infartos que ha sufrido- su devoción no conoce fronteras, porque también, como si fuese poco su labor con San Felipe, tiene 56 años vistiendo a la imagen de Jesús en la columna, que se encuentra en La Gruta de la capital yaracuyana.

Faltarían muchas cuartillas para describir la inmensa labor y cariño que la señora Daría y su familia ponen cada año para servir a San Felipe, porque es una entrega que va más allá de la dolencia física, del malestar, del cansancio; es un esfuerzo sobrehumano que se consagra gracias al amor y a la entrega, al hecho de creer en algo más grande que nosotros. Esperamos que Dios la siga bendiciendo y dándole salud y fortaleza a este ejemplo de mujer y ser humano para que, con sus acciones, continúe inspirando a propios y extraños. 

Oración a San Felipe Apóstol

“Padre, a ti que hiciste de San Felipe un apóstol y un seguidor de tu hijo Jesucristo, te pedimos, por su intercesión, la gracia del Espíritu Santo. Concédenos la fortaleza necesaria para superarnos siempre, ayúdanos a propiciar la salud de nuestro cuerpo y a esforzarnos para vivir en gracia. Haz que siempre sepamos aprovechar bien nuestro tiempo. Ayúdanos a hacer bien las cosas desde la primera vez. Danos, por los méritos de San Felipe Apóstol, la gracia de estado que más necesitemos. Te lo pedimos, por tu hijo Jesucristo, nuestro Señor.”

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