El Cronista es guardián de memorias

La crónica es hija de la historia, nos dice Santiago Gerardo Suárez

William Ojeda García*

El Cronista, el que narra, relata vida, costumbres y modos de los pueblos, ellos celebran su día, el 20 de mayo de cada año, fecha del nacimiento de Enrique Bernardo Núñez, primer Cronista Oficial de Caracas, brillante intelectual y maestro de la crónica de todos los tiempos.

La crónica, hija de la historia, nos dice Santiago Gerardo Suárez sobre su definición de este género literario al que nos vimos obligado a consultar, leer y releer durante el Diplomado de Formación de Cronistas del Siglo XXI “Gilberto Antolínez” que la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY), y Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello” llevaron exitosamente, experiencia única en la vida universitaria latinoamericana y como luz fugaz este curso se esfumó. Fue algo maravilloso, hoy es tan sólo un hermoso recuerdo.

Henrique Bernardo Núñez

Henrique Bernardo Núñez, primer Cronista Oficial de Venezuela

Ante tanta vorágine que afecta la sociedad, pareciera que las cosas buenas duran poco, pero hay que tenerlas presentes y llevarlas con orgullo. Como de cronistas se trata, los que luchan contra los diques del olvido, recuerdo la celebración en la UNEY el Día del Cronista, con la presencia de gente del pensamiento como Carmen Elena Núñez de Stein, hija de Enrique Bernardo Núñez y Humberto Mata director de la Biblioteca Nacional Ayacucho. Allí , mi apreciado maestro, Dr. Edgar Colmenares del Valle, miembro de la Academia Nacional de la Lengua, fundador y coordinador académico de dicho diplomado, destacó que reunirnos en las aulas universitarias permitía no solo nutrirnos de conocimientos con disciplina y rigidez para la formación académica, sino también para la siembra de afectos entre todos. “Son sujetos activos de una predica universitaria cuyo norte es la academia hecha humanidad”. Fue entonces que entendí que desde el oficio de cronista se le puede servir al pueblo, son constructores de país. Se le rindió homenaje a Henrique Bernardo Núñez y al maestro Domingo Aponte Barrios, fallecido el 13 de mayo  del 2011, a quien el Dr. Freddy Castillo, rector de la UNEY en esos días, lo calificó como “adalid de la crónica, generosa sombra tutelar del oficio del cronista”. A ambos los vinculo mas allá de la pluma: “…coinciden en ese rango que no deberíamos estar señalando como excepcional: el decoro en el ejercicio de la función pública y también en el ejercicio de la crónica y el periodismo”.

Recordó Castillo Castellano a Santiago Gerardo Suárez viendo la crónica como primogénita de la historia, que es en sus orígenes, historia e historiografía. Es narración o exposición de los acontecimientos y de las cosas memorables, por una parte, y arte de escribir la historia, por otra. Es, además, “historia pragmática, historia con una finalidad inmanente, con un motivo inmediato, maestra de la vida, la crónica tiene un contenido ético, revitalizador. Se atreve a decir cosas que otros callan porque pregona un pragmatismo moral”.

La crónica “se convierte en el cauce expresivo de una nueva corriente del pensamiento. Con la crónica, el mundo medieval insurge contra la historia como fantasía, contra la historia como leyenda”. Leyéndolo, indagándolo e interpretándolo nos dice que la crónica constituye, por de pronto, un intento de restablecer la verdad de la historia. La crónica está vinculada a la historia de los reyes. Esos, los reyes, enviaron a sus cronistas, a sus agentes divinos a los pueblos americanos y escribieron sus propias historias, a su real manera como muchas de ellas nos las han presentado sesgadamente los que se han atrevido ampliar sus cuentos.

Sección del Cuerpo de Policía

Sección del Cuerpo de Policía en acto religioso en el año 1930

Otros las escribieron sin ni siquiera haber conocido estas tierras, parecidas a las tales Reales Cédulas mediante las cuales se arrimaron para sí a pueblos enteros, ríos, vientos, cielos, mares, océanos y vida de seres humanos imponiendo sus modos, pero las escribieron algunas como piezas de doctrinas místicas por encargo del poder monárquico y del poder divino que invocaban a un Dios que también trajeron como pastores de almas empeñados en conducir rebaños. Gonzalo Fernández de Oviedo deja testimonio de la servidumbre de aquellas crónicas y de la historia a los soberanos, pues “una y otra son memorias que han de durar más que los reyes y vida de los príncipes a quienes sirven”.

Muchas crónicas fueron levantadas con la imaginación de quien intenta imponer sus normas, credos, marcar predios de poder e instaurar imágenes santificadas como símbolos de imperios insólitos. Y las hicieron con sus verdades y no a las verdades de otros, las del común, que tenía derecho a expresarse. Porque quien cuenta un cuento de alguna manera hace literatura, hace crónica, ella no es exclusiva de los que se creen amos del valle. El que narra realidades escribe crónicas, gente sencilla se ha sostenido en inquietudes e ideas diciendo lo que sienten y viven. Han sido cronistas de sus vidas. Sin embargo, los que hicieron crónicas encargadas escribieron imposiciones de la espada insolente en nombre del poder de los cielos. Por eso hay historias de historias. Historias que aún están por hablar, por descubrirse para ser verdaderas historias del futuro. Muchas cosas tendrán que decirse cuando aflore lo que está escondido para desnudar verdades.

Los cronistas son los que se encargan de preservar la memoria colectiva diciendo la verdad, construyendo la historia menuda para reconstruir la historia grande. En el último reencuentro de los yaracuyanos, vecinos de los barrios contaban sus cosas, narraban hechos y acontecimientos del San Felipe de siempre y a lo mejor sin darse cuenta eran auténticos cronistas de la vida del pueblo. Demostraron que más que connotados académicos, los pueblos también necesitan personas que tengan interés por la elaboración de la historia, la pequeña historia del lugar donde nacieron y viven; la experiencia ha demostrado que ser cronista más que cualquier otra cosa exige amor por la ciudad y su gente, una inmensa devoción por el aprendizaje permanente, inquietudes sanas, investigación, divulgación y defensa de la pequeña historia, el patrimonio, la ciudad y el municipio.

Los cronistas están obligados a narrar, decir, exponer y escribir y defender la historia local, la historia menuda, y no diluir la labor que debe hacerse con emoción, pertenencia y amor por la tierra en repetidos de la historiografía impuesta por quienes se han exhibido como dueños de la verdad absoluta con etiqueta de la gran historia. La gente decía sus cuentos con los recuerdos del ayer unidos al presente y futuro de la ciudad en lenguaje llano, sencillo, pero con mucha pasión sintiendo lo suyo en afectos profundos por el terruño. Como una necesidad de comunicarse entre sí, decirse algo unos a otros. Eran crónicas narradas por bocas libres de ese pueblo fijadas en su propia memoria, no como los discursos rebuscados en las asambleas de una democracia de privilegiados.

Personajes de San Felipe

Personajes de San Felipe en la memoria de las crónicas

Con razón nos decían en la universidad que los cronistas son historiógrafos, narradores y registradores del pasado, presente y futuro y se encargan de decir, por cualquier vía de expresión, hechos y acontecimientos que le han dado carácter a la vida de las comunidades. Cuando uno ve fotografías en rostros de los tiempos y oye a los vecinos del barrio narrando sus cosas, le da valoración absoluta al gesto de preservar la memoria en imágenes que es la memoria de todos. Es más válida la devoción que la erudición en defensa de los pueblos y, como todos los reencuentros, nos han enseñado eso: el amor por la tierra y quienes han estado en distintos escenarios en la vida de la ciudad se expresan con gestos la emoción que sienten y de alguna manera han contribuido al crecimiento espiritual y moral de su pueblo. Demuestran que el cronista ha dejado de ser un simple contador de historias para convertirse en un actor del destino y futuro de ese mismo pueblo. Con cordialidad contaban la historia pequeña de los barrios y sus personajes que habrán de escribir mañana.

Recordé el documental que Graciano Chacón presentó en la UNEY sobre Domingo Aponte Barrios y al preguntársele al maestro qué diría si pudiera recuperar algo del pasado, respondió:” Recuperaría la cordialidad de la gente, el entendimiento entre los seres humanos, que es la mejor manera de vivir…”. Y Dios lo recibió como un amigo y desde  allá aún sigue narrando el sentir de su ciudad al calor de su gente, nunca ha dejado de ser cronista y su tarea siempre será un comienzo. Y lo dijo en su “Radiografía de un Episodio Crítico “:”…el caso mío no ha sido una crónica de una muerte anunciada, sino una crónica de una muerte postergada. Por eso estamos aquí de nuevo en la lucha, como siempre, o si se quiere con más brío y más deseo de seguir trabajando por nuestro pueblo. Para todos, muchas gracias de todo corazón y con toda mi alma porque tuve el corazón enfermo pero mi alma no ha estado nunca contaminada con el virus de la ingratitud ni con la mala fe”.

La Oficina del Cronista de San Felipe promueve el trabajo de quienes están en la vivencia del pueblo, que no descansan en cumplimiento de su función y misión con amor a la tierra por su carácter de investigador de una secuencia de sucesos históricos y presentes que se circunscribe de catidianidad en el tiempo.

* Investigador Oficina Cronista San Felipe.williansyaracuy@hotmail.com

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