En el libro “Abismo de silencios” Raúl Freytez demuestra que no hay olvido

; William Ojeda García, empeñado siempre, contra viento y marea, en dar a conocer la hermosura de nuestro pasado y presente regional a través de sus letras y acaudalado baúl de fotografías, lo que ha motivado al colectivo a designarle como el cronista iconográfico de Yaracuy

William Ojeda García, empeñado siempre, contra viento y marea, en dar a conocer la hermosura de nuestro pasado y presente regional a través de sus letras y acaudalado baúl de fotografías, lo que ha motivado al colectivo a designarle como el cronista iconográfico de Yaracuy

No importa que Cecilia sea negada por los velos de quienes nunca la vieron ni la imaginaron; es la verdad interior de Raúl Freytez en nítida expresión poética que nos seducen a leerlo una y otra vez. Sabiamente nos entrega la doncella en todo su esplendor, tal como lo recibe el corazón en el imaginario de la gente, que la siente, la admira y la hace suya, porque tiene concordancia con los valores de su querencia que nada ni nadie ha podido arrancarla de su alma

William Ojeda García

Raúl Freytez se encontró con Cecilia Mujica entre signos y sonidos que describen y expresan lugares, y tiempos para descifrar enigmas, misterios y códigos (Foto Mariela León)

Raúl Freytez se encontró con Cecilia Mujica entre signos y sonidos que describen y expresan lugares, y tiempos para descifrar enigmas, misterios y códigos (Foto Mariela León)

Cuando apenas abría su boca de emociones la Navidad, en una clase del Diplomado de Formación de Cronistas del Siglo XXI promovido por la UNEY y Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”, escuché del rector Freddy Castillo la interpretación que le daba al interesante cuerpo literario de una obra del exquisito escritor universal Jorge Luis Borges, cuando dijo: “Solo una cosa no hay: es el olvido”. Toda una expresión afincada en el contenido filosófico de Platón al señalar que mas allá de ese montón de espejos rotos, en el ocaso, está la luz verdadera y no los reflejos, con la misma luna, la misma tarde, el mismo sol que están presentes en los rescoldos de la memoria. Y más recuerdos, mas presencia; todos estamos rodeados de testimonios históricos.

Se afirma que mientras no se escriba no habrá memoria externa, andará en rebote, de montículo en montículo como durmiendo la siesta interminable del abismal problema del tiempo para hacerse olvido. Solo la palabra en su lenguaje mejor, abre la posibilidad de darle vida a los acontecimientos, hechos y cantos perdidos que se asientan en la historiografía, se anidan en la memoria para hacerse crónica en el arte sonoro de su naturaleza.

El tiempo no ha podido borrar su memoria
Portada del libro Abismo de silencios, tras la huella de Cecilia Mujica

Portada del libro Abismo de silencios, tras la huella de Cecilia Mujica

Y el rector anunció esa tarde la grata presencia del libro “Abismos de Silencios”, como ejemplo de que olvido no hay, donde su autor Raúl Freytez, alumno de la 2da. cohorte del Diplomado para la Formación de Cronistas “Gilberto Antolínez”, con su voz personal demuestra esa virtud para colocarnos hoy frente a la imagen señera de Cecilia Mujica que ni el pasado ni el manoseo crítico ha podido borrarla con el tiempo.

Yo, atento a lo que decía el académico, sin pensarlo dos veces, tomé casi que por asalto la idea de averiguar el contenido de esos abismos silenciosos de Raúl que guardaban, de alguna manera, relación con la clase de aquel primer viernes decembrino. No he querido hacer una sincronía en las palabras que me permite esta hoja sobre aquella mujer. Siguiendo lo que dice el rector Castillo, tomo en la instantaneidad de mi asombro, cómo la sensibilidad de Freytez, apelando a esa triada donde se mezclan el periodismo, la historia  y la literatura, asume con verbo hermoso en los tonos de su prosa musical, la leyenda de la heroína para revivirla, darle cuerpo, belleza y colocarla en la trascendente alameda de la historia, esa que nunca termina.

Luces del nunca olvido

En la sensibilidad humana que se traduce en poesía, Freytez en monólogo platónico de su espiritualidad se confiesa: “Entre muchos ecos, de pronto me pareció oír una voz de mujer que reclama justicia. Todos poseen su pasado, muy grande, muy chico, pero hay secretos que no deben guardarse. De pronto escucho su acento envuelto en tinieblas. Debemos ser prudentes al despertar a los muertos. Pero hay difuntos inmortales. ¿Se puede despejar la duda por encima de lo aparentemente inexplicable?. Se dice que algo no existe cuando no se ha descubierto todavía, pero cuando ella plantó su brazo sobre mi hombro, se encendieron las luces del nunca olvido. Me dijo: “todo no está dicho”. Mis sentidos se despejaron al cruzar el zaguán de su presencia. Ella se encontraba detrás de la cortina, sentí la calidez de su piel. La sombra coloco un pañuelo en mi mano y observé sus iniciales: CM. Entonces, aspiré su fragancia en el rincón de aquella tarde decorada para un drama”.

Allí aflora la urgencia interior del autor, con ansias de desahogo en su sentir sincero con la presencia mágica de la mujer y al acercarse a un abismo de silencios, en el fondo de tantos vidrios rotos escondidos por el olvido, busca las respuestas que trascienden la imaginación para colocar un puente con fibras de prosa que nos permiten, a través de sus palabras creadoras, convivir con la leyenda. Se me vino a la mente lo que dijo el filosofo griego Heráclito: “(…) algo que es y no es al mismo tiempo”.

Portal del Parque San Felipe El Fuerte, una de las hermosas gráficas que contiene el libro (Foto cortesía Freyvan Orozco)

Portal del Parque San Felipe El Fuerte, una de las hermosas gráficas que contiene el libro (Foto cortesía Freyvan Orozco)

No hay edad para conocer a Cecilia Mujica

No importa que Cecilia sea negada por los velos de quienes nunca la vieron ni la imaginaron; es la verdad interior de Raúl Freytez en nítida expresión literaria que nos seducen a leerlo una y otra vez. Sabiamente nos entrega la doncella en todo su esplendor, tal como lo recibe el corazón en el imaginario de la gente, que la siente, la admira y la hace suya, porque tiene concordancia con los valores de su querencia que nada ni nadie ha podido arrancarla de su alma.

¿A que edad conociste la lluvia?, le preguntaron alguna vez a Guillermo de León Calles -cronista del municipio Carirubana, estado Falcón- quien, como Raúl, lleno de sueños en la emoción sencilla de su creador atrevimiento, respondió: “Nunca tuve edad para conocerla”.

Y al tomar la prédica filosófica del rector Freddy Castillo, nunca tendremos edad para conocer a Cecilia Mujica, siempre será sorprendente su vida cuando esta se aborda en los cronos más hermosos de la palabra, porque la escritura como acto de amor, cuando se aproxima con las riquezas del espíritu, difícilmente acepta erratas discursivas de ocasión. Y Félix Guzmán lo dijo: “Sólo la poesía que se parece al hombre y tiene la dimensión de sus pasos, polvo y sangre de la vida, es auténtica”.

Seguramente la joven mujer, como las que pudo habérselas dibujado Platón en su mundo, fue al paredón de la barbarie donde los mosquetes celosos en la turbia de su presión alentaron al gatillo para execrarla por asociarse a los sentidos libertarios, estará pidiendo la grandeza moral desde el borde de su silencio espiritual.

Estas ruinas de identidad pregonan su lozanía aún a través del tiempo (Foto Raúl Freytez)

Estas ruinas de identidad pregonan su lozanía aún a través del tiempo (Foto Raúl Freytez)

La pólvora no doblegó su rebeldía
 La Calle Real del viejo San Felipe El Fuerte (Foto Mariela León)

La Calle Real del viejo San Felipe El Fuerte (Foto Mariela León)

Tal vez los ecos de su piano aún se difunden entre los muros de San Felipe “El Fuerte” para que la justicia se haga sitio en medio de las complacencias torpes, o estará inquieta por la vorágine que se araña entre las componendas miserables. Quien sabe, pero su presencia de hoy, habla. Se siente. Nos quiere decir muchas cosas.

Cecilia Mujica no se quedó muda y fría en la quebrada “La  Virgen” cuando la fusilaron. Esa pólvora no pudo doblegar su rebeldía, ni le quitó brillo a los luceros ni a las estrellas que alumbran su leyenda. Sin imponer nada, Freytez con su talento, asumiendo el compromiso visceral de la escritura, la coloca en el camino de donde viene, por donde siempre va, con el paso honroso sobre las penurias llevando sobre su pecho el estandarte digno y virtuoso de la mujer yaracuyana.

Voces de un pueblo a través de la crónica

Por eso está viva, como sabiamente Borges transforma al olvido, oyendo el clamor en las voces de su pueblo a través de la crónica sin abandonar en un ápice otros perfiles de la estética literaria y menos los elementos de la historia. Freytez se retrata así mismo, retrata a Cecilia y retrata a su pueblo alejándose de la senda del hastío y del silencio como reivindicando el olvido, regenerando el significado de la heroína para hacerla prosa maravillosa, lo cual permite una mejor comprensión entre su gente llegándole suavemente con sus propias palabras, esas que están fijadas en el uso común tratando de mantener un diálogo de cordial entendimiento, sin imposiciones como los decretos zurcidos en remiendos, sino asumiendo su responsabilidad como escritor; sin romper con la gramática. Por algo dicen que la lengua piensa y sabe más que nosotros, y es lo que trasciende de Raúl al tomar lo mejor del legado humano de Borges, quien supo cruzar mundos, mas allá donde está la luz verdadera. Y el rector Freddy Castillo, con razón, lo ubica como un platinista del siglo XX.

Memoria sensorial que revitaliza la palabra

Y Raúl lo demuestra al concebir su “Abismo de Silencios” dedicado íntegramente, en 83 paginas a Cecilia Mujica, porque leyó el pasado, le echó mano a todas esas cosas, para revitalizar sus conocimientos que le dio más virtudes con las posibilidades ciertas que le permitieron lograr la obra. Abrió muchas veces ese depósito de ideas, ese acervo de la memoria que existe en cada alma, como la suya, como la memoria de elefante que se gastaba el presidente mexicano Álvaro Obregón que sorprendía al propio José Vasconcelos. Y se fue a indagar con otras épocas nunca idas como lo hizo Borges, y se encontró con signos y sonidos que describen y expresan lugares, y tiempos para descifrar enigmas, misterios y códigos llevándose como instrumento revitalizador la palabra; “una palabra que no es la despedida”, según letra del músico yaracuyano Armado Arteaga.

Cuando Freytez dice que en la bella ciudad colonial había aroma de mujer, es porque vio colores, se fue a la memoria olfativa, a la memoria sensorial y a todos los genes del intelecto para darle vida a Cecilia en el canto, en la imagen que sólo siente el poeta y el cronista y periodista oye, registra, lee y ve.

La bella mujer lo hizo pensar cuando niño y desde allí inhaló la fragancia de ese aroma, y jamás la olvidó. La hizo texto poético con su imaginario y oferente nos la entrega en manos del rector, por eso va a su encuentro para dialogar con ella hoy, mañana y siempre. Con razón sólo una cosa no existe, es el olvido.

La falla cruzó por este lateral de la iglesia matriz (Foto Magaly Martínez)

La falla cruzó por este lateral de la iglesia matriz (Foto Magaly Martínez)

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